La historia de la humanidad se encuentra plagada, desde sus albores y comienzos, por las culturas que han precedido a quienes hoy día nos encontramos pisando la tierra de este planeta.

Culturas que fueron en muchas ocasiones categorizadas como las más cultivadas y sabias del mundo, y de las cuales hasta hoy día, no hemos sido capaces de revelar sus secretos. Algunas de estas podrían ser la egipcia, de la cual los más grandes científicos no han podido aún revelar la manera en que sacaban el cerebro a sus muertos por la nariz, sin dañar el tejido mismo; o los babilonios, a los cuales los matemáticos no han revelado por completo el contenido de su base sexagesimal.

Pero al mismo tiempo, existen culturas caracterizadas por sus creencias que podrían pensarse hoy día que son un tanto brutales. Culturas como los mismos egipcios, los pueblos indios y los integrantes de la cultura azteca de las tribus de México.

Los sacrificios de los aztecas se han convertido en la historia sangrienta de la humanidad, seguidos de cerca por los sacrificios de los mayas y de otras tribus que esperaban aplacar la ira de sus dioses ofreciendo a sus fieles en sagrado sacrificio, o de conseguir el favor de estos sacrificando humanos para mejorar sus cosechas o proteger sus pueblos. En este post conoceremos esta sangrienta parte de la historia.

Sacrificios de los aztecas

Hablemos del pueblo azteca

El pueblo azteca fue un pueblo indígena que floreció en las tierras mexicanas durante los siglos XIV y XVI d.c. Este pueblo se encontraba distribuido por una gran parte del territorio de México, y su florecimiento se dio durante todo el siglo XIV hasta más o menos 1517, año que coincide con la llegada de los conquistadores y colonizadores europeos.

Era un pueblo con una cultura brillante; dominaban el arte de las armas y la manufactura de materiales importantes. Entre sus conocimientos destacaban las habilidades de construcción, ingeniería, arquitectura, botánica y muchas otras cosas que inflaban su cultura y les convertía en personas sabias y avanzadas para su época. Hoy día siguen existiendo las pirámides aztecas, como prueba de que aunque han desaparecido, su legado continúa.

Eran un pueblo nómada, lleno de guerreros hábiles y de armeros inteligentes, que daban con formas nuevas de luchar y de crear armas que ayudasen en estas luchas. Su carácter nómada los llevó lejos de su emplazamiento principal, y les permitió dominar otras tierras, y vencer a otras tribus poderosas, como los chichimecas, toltecas y tepanecas.

Fueron los fundadores de la ciudad de Tenochtitlán, Mexico, que se convirtió rápidamente, por los años 1327, en la capital del comercio, la política, la religión y el saber de aquel pueblo. Debido a su espíritu guerrero y a la sabiduría que demostraban, este se convirtió en un poderoso imperio que logró la para nada despreciable meta de florecer y prosperar durante un tiempo aproximado de 250 años. Ellos pensaban que el aumento y florecimiento de su imperio se debía a que los dioses eran buenos con ellos, razón por la cual ofrecían cada cierto tiempo, sacrificios a estos.

Los sacrificios de los aztecas: parte de una religión

El pueblo azteca fue conocido como una gran fuente de cultura, religión y sabiduría que priva en la cultura de Latinoamérica hoy día. La forma en que pensaban, las cosas que hacían y la manera en que existían representaba una filosofía mental que hasta el día de hoy no se ha podido descifrar por completo; esto queda patente si nos disponemos a ver los sacrificios de los aztecas, pues estos eran llevados a cabo de una manera que aún no se descifra por completo.

Los aztecas, en su cultura, pensaban que el sol era un ser mortal, y que podía extinguirse de manera que pensaban en la vida como una forma de reencarnación de los soles, en los cuales se cuenta que en el primer sol el ser humano fue creado de la ceniza, y para el cuarto sol ya eran monos.

Los aztecas afirmaban vivir en el quinto sol, y que este era un dios al que había que venerar, de manera que llevaban ritos especiales para alabar y adorar al sol, que se consideraba el dueño de todas las cosas, como lo menciona la leyenda del flechador del sol. Entonces, con el fin de mantener contento a este dios, que era el creador de los humanos y del maíz, los sacrificios de los aztecas se ofrecían cada cierto tiempo, con el fin de ofrecer su propia sangre como pago al señor que los alimentaba.

Los aztecas tenían dos preocupaciones que resultaban patentes en su cultura; estas eran: el cambio y la muerte. Ellos consideraban que la naturaleza de todas las cosas era el cambio, y que todo estaba presto y dispuesto a cambiar; de esta forma los aztecas tenían que ser capaces de adaptarse al cambio, para no verse de pronto arrastrados al abismo que configura la muerte. Después de todo quien es incapaz de adaptarse es también incapaz de vivir.

En las ciudades principales de los aztecas existían una gran cantidad de historias de los dioses a los que estos adoraban. Muchos de estos requerían de pagos o de ofrendas para mantenerse en buena voluntad con el pueblo, pero muy pocos exigían, según su cultura, sacrificios de sangre para ayudarles. Cuando tomamos esto en cuenta, es fácil comprender que los dioses menores y los espíritus individuales que les acompañaban, no necesitaban un sacrificio humano, pues se conformaban con ofrendas de plantas, de animales o lo que fuese que pudiese aportar quien les rendía el sacrificio.

Sin embargo, el que se conoce como el hombre del quinto sol, era uno de los que exigían sangre como pago por sus servicios, pues su trabajo era el más fuerte, dar vida y alimentar a todas las personas del pueblo, que cada día eran más. Se decía que esto consumía parte de su fuerza vital, por lo cual ofrecían sangre. Los sacrificios de los aztecas eran una forma de pagar la fuerza vital del sol con la fuerza vital de los propios aztecas.

Sacrificios de los aztecas

El rito del sacrificio

El rito era un acontecimiento de lo más solemne, a pesar de la escabrosidad. Se llevaba a cabo en la cima del teocalli. Una vez que la víctima era designada, algo que era considerado de gran honor para la familia de esta, se le llevaba a la cima, lugar en que la multitud se congregaba para ver y agradecer a quien daba la vida en favor de ellos.

El rito consistía en que el sacerdote, luego de los rezos, salmodias y alabanzas dirigidas al sol, tomase un cuchillo bien afilado y lo hundiese en el pecho del tributo, hasta que estuviese bien profundo; posteriormente hacía un corte perfecto y recto en el vientre, abriéndolo por completo para sacarle el corazón a la víctima. El corazón ensangrentado se depositaba en un cazo sagrado, y acto seguido se lanzaba el cuerpo desde lo alto, dándole la última despedida a la víctima. No era poco usual que se llevasen a cabo actos de canibalismo con el cuerpo de la víctima.

Esta no era la única manera de llevar a cabo un sacrificio. Los sacrificios de los aztecas se caracterizaban por ser variados. En uno de estos la víctima era desollada, y posteriormente el sacerdote se colocaba encima su piel en un culto a Xipe-Topec. A otros tributos se les sacrificaba con flechas, para llevar a cabo un rito de fecundidad.

Había meses dedicados a los sacrificios de niños. Durante estos se llevaban a los niños que habrían de servir como tributos adornados con flores y hermosos vestidos, mientras que los músicos cantaban, bailaban y tocaban sus instrumentos en una forma de agradecimiento. En estos ritos lo que se buscaba no era el sacrificio a un dios en particular, ni mejorar la fecundidad de la tierra, sino que lo que se pedía era que lloviese sobre las tierras para poder mejorar sus cosechas de esa manera. Si los niños lloraban se decía que era un buen signo.

Al final del acto, el corazón de los niños era arrancado para ofrecer también en acto sagrado y solemne al dios de la lluvia, y la sangre que caía, manchando los suelos, debía asemejar a la lluvia, que debía de caer sobre ellos para hacer crecer sus sembradíos, llenar sus ríos de nuevo y quitar la sed de los aztecas, todo gracias al inocente sacrificio.

En la fiesta del Toxcatl se sacrificaba a un mancebo, que era agasajado con  comida y regalos durante todo el año, con lo cual le preparaban pare recibir la muerte. Se pedía que durante estas mismas fiestas los habitantes hicieran ofrendas de sahumerios con copal, oraciones y otros muchos regalos. Esto se llevaba a cabo como celebración, y para pedir que durante todo lo que quedaba del nuevo año, el pueblo fuera prosperado en gran manera.

Los sacrificios de los aztecas podrán ser considerados como algo brutal, pero al mismo tiempo es algo que se les escapa de las manos a muchos historiadores, pues la historia completa de ellos no está todavía contada del todo. Además de ser grandes mentes, guerreros brutales y devotos, eran también una cultura muy hermética, razón por la cual hasta el día de hoy muchos de sus secretos esperan aún por salir a la luz.