México es, como todos lo sabemos ya, un país con una cultura muy rica y una amplia cantidad de valores, tanto en sus pobladores como en sus historias. Se trata de un país pujante y trabajador, lleno de personas que, si bien salen diariamente a trabajar de forma ardua, todavía tienen el tiempo de llegar a sus hogares, reunirse con algunos de sus vecinos o sus hijos, parientes o amigos, a “echar”, como dicen ellos, unos buenos cuentos de miedo. No es de sorprender que este país sea uno de los que cuenta con una muy extensa lista de relatos de todo tipo.

Y es que, con todo, México ha llegado para posicionarse en una lista como el país que tiene un mayor número de relatos de terror, siendo que tiene en su haber leyendas tan conocidas como la de la llorona, el chupacabras y muchas otras más, que si bien en algunos casos se encuentran ligadas a otros países de Latinoamérica, las personas que las han escuchado no dejan de relacionarlas con esta tierra.

Desde el culto a la santa muerte, y a muchos otros entes, México se ha considerado como uno de los países con más cultura relacionada con los muertos. Es por eso que en este post conoceremos algunas de las leyendas de terrorde esta hermosa tierra.

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La leyenda de la llorona

Ésta es conocida como la más famosa leyenda mexicana. Hay varias versiones de esta leyenda, pero la más conocida es aquella que nos habla de una mujer que fue maldita, y condenada a convertirse en un alma en pena, que pasaría la eternidad penando para las calles de la vieja Tenochtitlan; de ahí que le pusieran su característico nombre, «La Llorona».

Otras versiones afirman que dicha leyenda es de tiempos anteriores a la conquista, y que durante estos tiempos, la diosa Cihuacoatl, vestida con ropas de cortesana precolombina, gritaba: «¡Oh, hijos míos! ¿Dónde os llevaré para que no os acabéis de perder?», y auguraba los eventos terribles que vendrían.

Un relato distinto cuenta la tragedia de una mujer codiciosa que, al quedar viuda, pierde su riqueza y, como no soporta la miseria, ahoga a sus hijos y después muere, por lo que es condenada a regresar del más allá a penar por sus crímenes. Una versión más cuenta que esa mujer había sido asesinada por su marido y se aparecía para lamentar su muerte y proclamar su inocencia.

Otra de las versiones nos dice que esta era la historia de una mujer casada, que era muy celosa de su marido, y que no soportaba que este tuviera que salir de su casa a trabajar, pues era seguro que encontraría en alguna mujer el abrazo y el amor que todo hombre siempre buscaba por fuera.

Ella había tomado la costumbre de revisar diariamente sus bolsillos y de armar escándalos cada vez que su esposo regresaba del trabajo.

Una noche en que la mujer había ido a misa, dejando a los niños con su padre pues estos se habían enfermado debido a las estaciones de lluvia en la zona, al regresar se dice que escuchó voces de una mujer y de su marido que conversaban en su casa.

Muerta de rabia, la mujer tomó el quinqué con que se alumbraba y lo lanzó a la casa que compartía con su marido, que era de madera y ardió rápidamente, a pesar incluso de que estaba mojada por la lluvia.

Al extenderse el incendio de una manera tan rápida, la mujer estaba en éxtasis por haberse vengado de su marido.

No obstante la felicidad se convirtió en dolor cuando pudo ver que de la casa, envueltos en llamas, salían su marido y su madre, quien había ido a visitar a su hija para ver a sus nietos.

Se dice que los dos sólo pudieron dar unos pocos pasos antes de caer muertos ante la mujer, que lloraba desesperada. Pero eso no sería su peor castigo: Dentro de la casa se escuchaban los gritos desgarradores de sus niños mientras morían calcinados.

La mujer solo podía gritar, en el calor de la noche: “Mis hijos, Mis hijos”. Cuenta la leyenda que la mujer se ahorcó esa misma noche, y que al morir fue recibida por el mismísimo diablo, quien le dijo que él había sido quien había extendido el incendio, y la maldijo por la eternidad, a buscar por siempre a esos hijos que ella misma había asesinado. De ahí que por las noches, en las oscuras calles de México, se escuche el lamento de esta mujer que grita desconsolada “¿Dónde están mis hijos?”

El puente del clérigo

En 1856, Duarte de Zarraza, un caballero portugués que contaba con buena presencia, conoció a doña Margarita Jáuregui, en una fiesta virreinal, y la cortejó hasta hacerse novios. Aquella mujer tenía un cuidador en la figura de su tío, el sacerdote Don Juan de Nava, quien investigó la vida del caballero portugués, y descubrió que tenía una vida disipada, con muchas deudas, y que además se había casado con dos mujeres.

De modo que decidió prohibir a su sobrina seguir el noviazgo, pero ella hizo caso omiso de la prohibición, y pasó a tener un romance furtivo. Al caballero portugués también le prohibió lo mismo: no podía acercarse a la casa ni al puente cercano a esta. Debido a que el sacerdote siempre se opuso al romance, Duarte tuvo deseos de matarlo.

Un día Duarte fue a casa de su amada para convencerla de escapar, y para casarse, pero repentinamente vio a don Juan caminando por el puente. Duarte llegó al puente e intentó conversar con el sacerdote, pero al formarse una pelea entre ambos, Duarte no resistió más, y acabó clavándole al hombre un puñal en la frente. Aquel cayó muerto y Duarte lo tiró al agua. Como muchos sabían de la oposición del sacerdote, Duarte tuvo que ocultarse por casi un año.

Una noche regresó por Doña Margarita y para llegar a su casa tuvo que pasar por aquel puente. A la mañana siguiente fue encontrado muerto, con una mueca de terror, estrangulado por un esqueleto sucio, vestido con una sotana hecha jirones, que tenía clavado un puñal en el cráneo. La venganza finalmente llegaba para el anciano sacerdote.

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La leyenda del jinete sin cabeza

Esta es una leyenda muy conocida, y lo es tanto que muchos países tienen su versión de la misma. La versión mexicana va más o menos así:

Se cuenta que en un pueblo muy aislado de toda civilización, se pasaba de boca en boca la historia de un jinete que acostumbraba a hacer su recorrido por las noches en un caballo muy hermoso.

La gente, muy extrañada, solía preguntarse: ¿qué hombre tan raro por qué hace esto?, puesto que no era muy usual que alguien saliera, y mucho menos por las noches, a hacer esos recorridos.

En una noche muy oscura, con fuertes relámpagos, desapareció del lugar, sin dar señas de su desaparición. Pasaron los años, y la gente ya se había olvidado de aquel hombre tan extraño, pero en una noche igual a la que desapareció, volvió a escucharse por el poblado la cabalgata de aquel caballo. Debido a la curiosidad muchas personas se asomaron, y vieron un jinete cabalgar por las calles; en ese momento,  un relámpago cayó e iluminó al jinete y lo que vieron fue que el hombre que montaba el caballo no tenía cabeza. La gente horrorizada se metió a sus casas, sin poder explicarse lo que habían visto…

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El hombre de la bolsa

Cuenta la historia que un hombre subió en hora pico… presumiblemente en la línea 3 (de Indios Verdes hasta Universidad). El hombre iba cargando consigo una bolsa de mujer.

Una de las usuarias, por la gran cantidad de gente dentro del vagón, se quedó muy cerca de aquel hombre, y sin querer observó el contenido de dicha bolsa.

Para su sorpresa, dentro había manos humanas; la mayoría eran de mujer, con pulseras de diamantes, carísimos anillos de oro y joyas de todo tipo. La mujer gritó, pero el hombre consiguió escapar segundos antes de que llegara la policía. Se dice que jamás atraparon al “ladrón”, quien aún sigue buscando víctimas para apoderarse de sus joyas.

Los ojos de los perros

En todo México el 1 y 2 de Noviembre se festeja el día de los muertos. Una tradición mexicana en la que se honra a los espíritus de los ya fallecidos. Durante este día las personas suelen hacer altares con comida y otras ofrendas a sus familiares difuntos.

Un buen día, un hombre tuvo la curiosidad de saber si eran ciertas las leyendas de que los muertos regresaban de la tumba en el día de los muertos; el problema era que este hombre no sabía cómo comprobarlo. Pero en ese momento a aquel hombre, se le vino a la mente lo que dicen de los perros: que ellos pueden ver espiritus, cosas que los humanos no podemos, así que decidió frotarse un poco de lagañas de perros.

La idea era simplemente frotar las lagañas de un perro sobre sus ojos para comprobar si de esa forma podía ver a los muertos. En el momento, pensó que era una buena idea, así que lo hizo y se escondió en una esquina de su casa, esto después de colocar la comida u ofrendas en su altar.

Al día siguiente los vecinos que sabían lo que este había planeado, fueron a buscarlo a su casa, porque este no había salido en todo el día; tocaron la puerta durante un tiempo para que este abriera, pero nunca abrió ni se escuchaba nada, por lo que sus vecinos decidieron entrar a la casa del hombre.

Sin embargo,  al entrar los vecinos quedaron petrificados, pues descubrieron el cuerpo del hombre en una esquina, muerto y en posición fetal, con un rostro que solo reflejaba terror y nada más.

La niña del aeropuerto

Existe una leyenda mexicana que nos habla de este fenómeno.

Esta peculiar niña ronda las estaciones de noche, y se cuenta que quienes caminan por los pasillos a altas horas de la madrugada, cuando están totalmente desolados, se les aparece el fantasma de una niña de aproximadamente 8 años de edad, que suele pedirle a los que esperan en el aeropuerto que por favor le ayuden a amarrarse las agujetas de sus zapatos; si aceptas y la ayudas a amarrarse las trenzas, al momento en el que te agaches para tomar las agujetas te darás cuenta que la pobre niña no tiene piernas.

En otra versión de esta historia se dicen que las personas que se encuentran con la niñita, esta les preguntará si desean jugar con ella, pero al momento de aceptar o negar, la niña arroja su muñeca a una esquina, en la que, para sorpresa de muchos, al voltear a donde cayó la muñeca, en lugar de encontrar la muñeca arrojada, se encuentran con una cabeza cercenada, que según se dice, es de la persona que mató a la pobre niñita.

La muñeca del mercado

Cuenta la leyenda que en un mercado perteneciente a la Ciudad de México, se encuentra una muñeca cerca de la entrada de dicho mercado. Esto es solo un adorno de bienvenida, pero muchos aseguran haber visto que esta muñeca se mueve sola por las noches, por lo que hay quienes han comenzado a temerle.

Un día un grupo de jóvenes decidió averiguar si realmente esta muñeca se movía por si sola en las noches, así que fueron muy tarde al mercado, subieron al tejado y se quedaron para esperar si ocurría el suceso; pasaron algunas horas, pero se aburrían al ver que nada pasaba, así que para pasar el rato empezaron a jugar cartas, hasta que uno de ellos volteo a donde estaba muñeca, pero la muñeca ya no estaba ahí.

De inmediato, los muchachos comenzaron a buscarla con la mirada, para ver si se había caído o algo así, pero no vieron nada, hasta que uno de los jóvenes miró detrás de él y justamente ahí estaba la muñeca. En ese momento salieron corriendo sin mirar atrás, y jamás volvieron a visitar el mercado.

La calle de la quemada

Esta  historia transcurre a mediados del siglo XVI, en los que se cuenta que don Gonzalo Espinosa de Guevara llegó a la ciudad de México, y lo hizo acompañado de su bella hija Beatriz, de  20 años de edad, quien funge como la protagonista de esta sangrienta y memorable historia.

La leyenda relata que el señor Martín de Scópoli, un Marqués italiano de Piamonte y Franteschelo, se enamoró perdidamente de ella, y fue por esto que decidió matar a todos sus posibles pretendientes en duelos, para así asegurar que Beatriz se fijara en él. Sin embargo, la joven, que era muy bella, y pretendida por todos los hombres del lugar, a quienes don Martín asesinaba, decidió acabar con su belleza, para así dejar de atraer a Martín y que parara el derramamiento de sangre, por lo que un día llenó un recipiente de metal con carbón y lo arrojó en dirección a su rostro.

A pesar de las quemaduras y de haber perdido uno de sus principales atractivos, Martín le confesó que la amaba por todo cuanto había en su interior, una confesión que le robó el corazón y el alma a Beatriz, quien meses más tarde se casaría con el Marqués.

Beatriz utilizó un velo blanco en el día de su boda, pero después siempre portó un velo de color negro, por lo que nunca nadie pudo volver a ver su rostro, el mismo que robó los suspiros de los hombres de la época.

A partir de entonces, la calle donde vivió Beatriz se llamó la calle de la Quemada, que hoy en día es conocida como la 5a. calle de Jesús María.

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El fantasma de la basílica de Guadalupe

Muchas personas cuentan que han visto salir a una mujer de la Basílica de Guadalupe. Esta mujer carga consigo una vela que no se apaga ni con la lluvia ni con el viento.

Se le ha visto atravesar paredes luego de dejar ofrendas y rezar. Los visitantes de la basílica afirman que es un alma en pena que en su momento dejó asuntos pendientes en la tierra.

También existen relatos en torno a la antigua Basílica de Guadalupe, al asegurarse que por las noches se escuchaban las campanadas, a pesar de que nadie las tocaba, pues era bien sabido que el capellán encargado había fallecido a causa de una enfermedad mal cuidada.