La leyenda del Nahual cabalga desde hace 600 años en Mesoamérica, en esa época los dioses aztecas, mayas y toltecas adoptaban formas de animales para interactuar con el ser humano.

Proveniente de la palabra náhuatl, nombre que se le da al lenguaje de origen azteca que significa “doble” o “proyectado”, nahual es leyenda típica de México y Centroamérica, remota desde la época prehispánica con los aztecas.

Como cualquier pueblo del mundo, los de América guardan intrínseco en su historia innumerables mitos y leyendas. En este continente la Leyenda del Nahual es parte de la tradición de México.

Son incontables, diversas y variadas las leyendas en América. Se cree que las más misteriosas corresponden al periodo precolombino, por cuanto la gente vivía más en contacto con la espiritualidad nata que los caracterizaba.

En esta creencia de origen azteca se cuenta que toda persona nace acompañada de un guía espiritual en forma animal también conocido como tótemEstos tótems son adoptados en base a ciertas aptitudes que las personas pueden desarrollar en vida, de igual modo pueden hablar sobre diversos defectos.

Por su facultad sobrenatural de transformarse en un animal determinado, los nahuales son también conocidos como “brujos”. Cambiar su forma humana en animales sólo puede lograrlo una persona que maneja niveles altos de vibración y energía puede materializar una forma de pensamiento hecho de material etérico, según explica la renombrada psicoterapeuta galesa Dion Fortune.

La tesis de Fortune, cuyo principio no necesariamente estaba signado por algo malo, por cuanto se podían crear seres de luz, estaba basada en que estos seres estaban conectados mediante un cordón plateado, similar al que se observa durante viajes astrales, este lazo o hilo astral une al cuerpo material con el cuerpo astral. No obstante, Furtune revela que pasado cierto tiempo este hilo astral se separa totalmente de la tulpa o egregor tomando una autonomía propia.

En épocas coloniales, cuando la inquisición era una salida para exterminar lo malo es cuando el nahual sorprende a propios extraños, ya que la turba de campesinos comprobaba con sus ojos como aquel nahual y la persona supuestamente ligada a la criatura podían estar al mismo tiempos y en las mismas horas en dos sitios distintos.

Estos ha dado pie a que las versiones tomen otros matices como por ejemplo a las historias en las que se comenta que algunos campesinos mataban coyotes que atacaban al ganado, y en el lugar donde el coyote caía muerto yacía el cuerpo de una persona.

Creencias populares de la Leyenda del Nahual

Se dicen muchas cosas sobre los nahuales, muchos mencionan que los brujos hacen esto para robar cosas, otros para raptar niños y beber su sangre, otros para usar este poder en forma de venganza. La verdad es que poco se sabe sobre las verdaderas intenciones de estos nahuales, suponiendo que existan. No obstante el folklore mexicano cuenta muchas leyendas sobre nahuales que resultan interesantes. He aquí tres de miles relatadas, escritas y contadas.

  • La Leyenda Nahual de la mujer herrada

Dicho suceso aconteció entre los años de 1670 y 1680, en la casa número 3 de la calle de la Puerta Falsa de Santo Domingo, hoy llamada Perú, en el centro histórico de la ciudad de México. La casa aún existe, y es la número 100.

En ese lugar vivía un clérigo, quien, pese a sus votos eclesiásticos, se había amancebado con una “mala mujer”.

Cerca de ahí, en la entonces Calle de las Rejas de Balbanera, un herrero había levantado su casa y su taller. El herrero resultaba ser gran amigo del sacerdote. Gracias a este lazo espiritual, se creía con el deber de aconsejarlo que dejara a aquella mujer, pues sus tratos carnales con ella constituían un gran pecado. Por supuesto, el clérigo jamás escuchó razones.

En cierta ocasión, avanzada ya la noche, el herrero escuchó fuertes golpes en su puerta. Temiendo que pudieran ser ladrones, se levantó de la cama temeroso y preguntó quién tocaba la puerta. Resultó que eran dos personas de color, quienes aseguraron que llevaban un encargo de su patrón, aquel clérigo amigo suyo.

Le rogaba que le herrara la mula, pues muy temprano debía hacer un viaje al santuario de la virgen de Guadalupe. El herrero reconoció la mula de su compadre, y aunque de mala gana, por lo avanzado de la hora, le clavó las cuatro herraduras de rigor. Al finalizar la tarea, las dos personas se llevaron al animal, pero dándole fuertes golpes, que el buen herrero los reprendió.

En la mañana el herrero salió a ver a su amigo, pues quería saber el motivo de la urgencia. Grande fue su sorpresa al hallar al clérigo aún en cama. Le recriminó que lo hubiera despertado a media noche, y quería saber por qué tenía tanta prisa de herrar a la mula. El clérigo escuchó atento la historia, y le explicó que él no había enviado a ningún criado, que seguramente se trataba de una broma que alguien quiso jugarle.

Al llegar a esta conclusión, ambos comenzaron a reír, y trataron de despertar a la mujer del clérigo para contarle la travesura que habían sufrido.

Primero le hablaron con voz baja, después el tono comenzó a subir e incluso la movieron. Pero la mujer estaba quieta, perfectamente muerta. Al destaparla, ambos miraron con horror: los pies y las manos de la mujer tenían clavadas las cuatro herraduras que el herrero había colocado en las pezuñas del animal. Su cuerpo mostraba golpes por todos lados: los golpes que los dos negros habían propinado tan cruelmente a la mula la noche anterior.

  • El Nahual que sorprendió a Martín

En aquellos pueblos de la Huasteca se oían rumores acerca de un animal, que había matado a varios animales y herido a varias personas.  Los Rancheros y ganaderos mandaban a gente a buscar a aquel animal, pues su ganado estaba desapareciendo y si los encontraban los hallaban destrozados.

Martín un día salió en compañía de unos amigos, en busca del dichoso animal asesino, se internaron entre la maleza de aquellos lugares. Martín creyéndose el más valiente de todos se fue internando más y más a aquel lugar, los amigos perdieron el rastro de Martín, cuando llegó la noche los amigos de Martín optaron por regresar a su pueblo dejando solo a Martín.

Al día siguiente luego de una larga búsqueda la policía fue a buscar a Martín, encontrándolo pálido y con la ropa ensangrentada. La policía se le acercó y le preguntó qué le pasaba.

Él de entre sus ropas sacó un brazo humano, la policía lo detuvo de inmediato, cuando fue llevado ante las autoridades la declaración de Martin fue que cuando se separó de sus amigos se encontró a un viejito que traía consigo unas bolsas, el al verse perdido se acercó al viejito para preguntarle dónde estaba, pero el viejito le pidió que le ayudara a llevar sus bolsas y le diría por donde irse. Martin le ayudó pues veía que el viejito no podía ni caminar, cuando de repente, llegaron a una división el viejito le dijo a Martin tú fuiste bueno te voy a premiar y aquel viejito dio unos brincos muy altos parecía que tocaba las nubes y de repente se transformó en un impresionante lobo negro. Martín se asustó tanto que sacó su machete y de un solo tajo le cortó una pata y como pudo salió corriendo de ahí, fue cuando encontró a los policías. Las autoridades no le creyeron y fue encarcelado por supuesto homicidio. Los ancianos de los pueblos cuentan que lo que Martin encontró fue a la bestia del NAHUAL, y dicen que tuvo suerte de salir vivo. Desde aquella ocasión ya no ha habido más ataques a animales ni a personas.

  • El Nahual se hizo presente en un pueblito

Me crié en un pueblo pequeño en el que por las tardes las personas salían de sus casas a reunirse con los vecinos a tomar café o a jugar a la lotería, mientras los niños jugábamos a su alrededor. No faltaba a quien se le ocurriera contar alguna historia de terror o algún hecho real de sus propias vivencias. Pero ninguna asustaba tanto como la leyenda del Nahual. Aunque ya crecí bastante desde entonces hay una leyenda en especial que todavía me asusta. Fue en esa ocasión que le tocó turno a mi mamá para hablar y esto fue lo que dijo:

Cuando yo estaba más chica, que apenas estábamos construyendo la casa, mi papá hizo su taller de puros carrizitos (palo de madera parecido al bambú pero mucho más delgado), estaba un poco retirado de la cocina que es donde pasábamos la mayor parte del tiempo, desde la ventana se podía ver la luz de la lámpara de gasolina y sabíamos que estaba trabajando porque siempre se le hacía noche.

Una vez que mi mamá me pidió que fuera a llevarle de comer porque ya era muy tarde, agarre la comida para llevársela el plato en una mano y las tortillas en otra, el tramo me pareció muy largo para llegar porque estaba bien oscuro, una oscuridad en la que no podía ver el pie cuando daba paso, solo me guiaba por la luz que salía del taller.

Entonces empecé a escuchar pasos junto a los míos, porque la yerba seca tronaba… por más que volteara no podía ver nada así que me apure, y los pasos también conmigo, cada vez lo sentía más cerca, pero afortunadamente llegue pronto al taller, me metí y le dije a mi papá que algo me seguía, entonces él tomó el machete, cerró la puerta, y empezamos a oír la respiración como de un animal muy grande y sus pisadas alrededor del taller, con la poca luz que se escapaba entre los carrizos se veía como un perro grandote, negro, que daba vueltas y vueltas buscando por donde entrar y empezó a rascar las paredes, cuando se volteó de frente le vimos los ojos… ¡rojos como lumbre! Y se sentía su mirada pesada encima de nosotros.

Mi papá me metió debajo de una mesa y me dijo que no me moviera, que era el Nahual, entonces el animal dejó de hacer ruido y se fue a la casa porque estaba la puerta abierta, mi papá lo siguió con el machete, y antes de llegar a la puerta se hizo humo y se fue…”