El ser humano, desde los albores del tiempo, en los que se encontraba a sí mismo sólo en la oscuridad, ha tenido miedo de la misma. Hoy en día, y como parte de la evolución a la que nos vemos sometidos, conservamos este instinto primario, pero de una manera menos visceral. No obstante, aunque tengamos miedo de la oscuridad y a lo desconocido que pueda acechar en ella, nos sentimos también tentados a, junto a una fogata, o en una noche lluviosa, escuchar historias y leyendas de terror que nos pongan la carne de gallina.

Una de estas historias que se cuentan en la noche es lo bastante escabrosa como para poner la carne de gallina al más valiente, y en épocas antiguas, las personas no salían por las noches de sus casas debido a esta leyenda precisamente.

Se trata de la leyenda del jinete sin cabeza; una fuerza sobrenatural llena de odio y que busca venganza. Existen miles de relatos sobre este ser tan espeluznante, que deambula por las noches de luna nueva, cuando las personas no pueden guiarse por la luz de este astro, para degollarlas con su espada, que se cuenta que quema como el fuego del infierno.

Leyenda del Jinete sin cabeza

La transculturación de esta leyenda

La leyenda del jinete sin cabeza tuvo sus inicios en tiempos remotos, en los cuales los jinetes eran tan comunes como hoy en día lo son los automóviles; abundaban los poblados y las aldeas, en las cuales estos hombres eran respetados por sus habilidades a caballo, y generalmente con la espada y otras armas con las cuales podían defenderse.

La versión original de esta leyenda es la que ha nacido de la cultura mexicana. No obstante, la leyenda del jinete sin cabeza se ha ido llevando a otros países, en los que ha sido adoptada de forma casi inmediata, como normalmente se da en el caso de las leyendas. Esta transculturación ha permitido que cada país tenga varias versiones de una misma leyenda, de forma que estas nunca se terminan.

La versión americana, que conocemos tan bien, se ha popularizado debido a la aparición del libro La leyenda de Seleepy Hollow”, que se convirtió en una afamada película tiempo después del lanzamiento del libro. Si algo tienen en común ambas versiones es la necesidad de venganza que recae sobre el trágico protagonista, y que le da vida a esta macabra historia.

Leyenda del Jinete sin cabeza

La leyenda de: “El jinete sin cabeza”

Se cuenta que por los años 1856, en un pueblito alejado en Monterrey, vivió una familia acaudalada, con un padre que era dueño de muchas tierras alrededor del territorio del país, pero que su mayor tesoro, ese que cuidaba con mayor ahínco, era su hija: Margarita Garza.

En el poblado, había también dos hombres de buena familia, adinerados y jóvenes, que se disputaban el amor de la bella doncella. Se dice que no había momento en que, cuando se hallaban juntos, no intercambiaran miradas de desafío, que en más de una ocasión llegaron a los golpes de verdad, y riñas de las que de vez en cuando salía ganador uno, y de vez en cuando el otro. Todos en el pueblo conocían las disputas de amor que se formaban por el corazón de la hermosa Margarita.

Pero esto a ella la traía verdaderamente sin cuidado, y es que el corazón de la joven ya se encontraba en las manos de otro; un muchacho de su mismo pueblo, que era el encargado de los establos de su finca, y que montaba caballo con una agilidad y una gracia que hacían que el corazón de Margarita se desbocara. Dicen que en ese rancho fue donde se llevó a cabo una de las más terroríficas historias que hayan tenido lugar en el país.

Cuando el muchacho se dio cuenta del amor que la doncella le profesaba en silencio, le correspondió en el mismo momento. Los dos fraguaron un plan para ir al establo en que el muchacho trabajaba, y entregarse a su amor.

Fueron pasando los días, y los familiares de Margarita se enteraron del asunto. No les gustó para nada. El humilde muchacho no era suficiente para su hija, y los dos hombres que estaban tras ella siempre eran acaudalados y de buena familia, y como en los tiempos antiguos solía hacerse, pudo más la palabra del padre.

Don Antonio Garza contrató a los otros dos muchachos para que hicieran algo para sacarse de encima al enamorado de su hija. Les pagó con una bolsa de monedas de oro para que se encargaran del jinete por todos los medios que hicieran falta. Los rivales, ahora convertidos en compañeros, aceptaron la oferta sin problemas.

Una noche de luna nueva, en las que la luz no se hallaba si no era por medio de una lámpara, se llegaron al establo donde estaba el jinete, que había quedado esa noche de verse con Margarita. Cuando llegaron los matones, el joven les abrió la puerta, esperando encontrar tras de ella a su amada, pero no fue así.

En un solo segundo, lo inmovilizaron, lo golpearon con una saña tal que le rompieron varias costillas, y se deleitaron en el crujir de los huesos y en las palabras de clemencia del joven jinete. Margarita llegó justo en el momento, y al ver lo que estaba aconteciendo intentó parar a los dos muchachos, pero uno de ellos, encolerizado por el hecho de que su amada prefiriese a un simple mozo de cuadra, sacó de su cinto un machete, y con un golpe certero hizo rodar la cabeza del jinete.

Margarita gritó, y la sangre salió despedida por el muñón del cuello, cayendo sobre los jóvenes que, al sonreír con malicia, tenía el aspecto del mismo diablo. Se cuenta que Margarita quedó muda en ese mismo instante, quizás por el miedo o quizás por tanto gritar. Pero jamás volvió a decir otra palabra.

Lo que no sabían ellos era que, al momento de morir, la cabeza del jinete pudo observar quienes habían sido sus asesinos, y juró venganza ante el mismo infierno contra aquellos que no solo le habían dado muerte, sino que indirectamente habían matado a Margarita, la mujer que amaba.

Una vez que encontraron al muchacho muerto, el padre se las arregló con su dinero para que no pasara a mayores, y los otros dos muchachos volvieron a disputarse la mano de Margarita, pero al ver que esta no hablaba más, y que su semblante decaía con cada día que pasaba, y que ya no era la misma mujer hermosa que habían conocido, dejaron de interesarse por ella.

La leyenda del jinete sin cabeza como tal tiene inicio una noche de luna nueva, en la que uno de los dos muchachos se encontraba a las afueras de un bar, un poco pasado de copas y se dirigía a su casa.

De pronto, todo se oscureció, como si un manto negro hubiese caído sobre la noche iluminada por las farolas; los cascos de mil caballos se escucharon, como si hubiese una estampida de algún tipo. Antes de poder siquiera darse la vuelta, escuchó un relincho que le heló la sangre, y lo último que supo fue que su cabeza había sido separada de su cuerpo por una espada, y que su sangre ahora adornaba las paredes del bar en que unos minutos antes disfrutara de la vida.

Al otro, le fue peor. Se dice que el jinete lo encontró esa misma noche, cortejando a otras mujeres, y que su cólera se encendió todavía más con este último. Una vez que le encontró, no solo le cercenó la cabeza con su espada, sino que le dio muerte de una manera despiadada, separando una a una las extremidades de su cuerpo, mientras él seguía vivo, para luego cortarle la cabeza y dejar su cuerpo desangrado en el camino.

Finalmente, aquella hermosa mujer, Margarita, desapareció sin dejar rastro en la noche de luna nueva. Los vecinos no supieron qué había pasado. Y las preguntas no se hicieron esperar: ¿Se llevó el jinete a Margarita? ¿Habría sido ella la asesina? ¿Estaría enterada? Otros afirmaban que el jinete se la llevó al mismo infierno junto con él, pues si no podrían pasar su vida juntos, pasarían la eternidad en el abrazo de la muerte.

Estas preguntas no tuvieron respuestas, pero lo que si se cuenta es que, en las noches de luna nueva, no solo en ese poblado, sino en todo México, el jinete sin cabeza ronda con su caballo, buscando a hombres mujeriegos y borrachos, de esos que se sabe que pueden hacer todo tipo de cosas, y les da caza para acabar con sus vidas.

Otros dicen que lo que busca es quedarse con sus cabezas para ver si algún día encuentra la suya propia. No se sabe la verdad, pero el hecho es que, si una noche, escuchas el estruendo de cientos de cascos de caballos, lo mejor es que huyas que busques un escapulario, o que reces a los santos y las vírgenes que puedas, porque una vez que escuches el espantoso relincho, no pasará un segundo antes que seas una víctima más del jinete sin cabeza.