Todos conocemos el patrimonio de la tierra de México; un país con una vasta cultura, en el cual se ha asentado una buena parte de las razas indígenas que alguna vez poblaron lo que hoy en día es Suramérica. La cultura azteca que vivió en esas tierras, así como muchas otras tribus indígenas de la zona, como la mexica, marcaron con sus leyendas muchos de los asentamientos que hoy conocemos. Estos hombres y mujeres indios le daban a cada cosa una nueva tonalidad pintoresca, pues para ellos cualquier evento magnífico o que se saliera de su comprensión era trasladado a una leyenda que podían comprender.

De esa forma en México, y en muchos países de Latinoamérica y del mundo, nacieron leyendas que acompañan a monumentos y maravillas naturales. En el caso de los volcanes o cerros: Popocatepetl e Iztaccihuatl, también se encuentra relacionada con ellos una leyenda que versa sobre el amor y la pérdida. Esta leyenda tiene su origen en la lengua Nahuatl, que es en la que muchos de los nombres que coronan la nación se encuentran escritos. En este post conoceremos la leyenda que relaciona a estos dos volcanes, cómo nace y el patrimonio que ha creado.

leyenda de los volcanes

Hablemos primero de los volcanes

Este par de volcanes, conocidos por los nombres de Popocatepetl, o “Don Goyo”, e Iztaccihuatle, “La mujer dormida”, como le conocen las personas que habitan en la ciudad de México, pueden localizarse en el interior de un parque nacional bastante extenso en el oriente del Estado de México, que limita con los estados de Puebla y Morelo.

Se trata de una zona de serranías muy intrincadas, que actualmente se encuentran cubiertas por bosques de clima frío en los que predominan pinos, abetos y oyameles, que a partir de los 4000 metros de altura sobre el nivel del mar dan paso a extensos páramos alpino, que se encuentran cubiertos por vegetación del tipo de tundra, en las que los elementos predominantes son los zacates y los cardos.

Esta zona también es dueña de una abundante y prolífera fauna, en la que podemos encontrar teporingos, venados, conejos, pumas, águilas, armadillos y distintas especies de reptiles e insectos.

Ahora, si tomamos las cosas desde el punto de vista ecológico, este parque nacional adquiere especial relevancia si recordamos que son las nieves eternas de estos volcanes las que abastecen de agua a varios poblados, por medio de ríos aledaños de estas regiones. Es justo por ello que en estos tiempos se ha establecido una campaña para evitar la deforestación y el maltrato de estos bosques.

Se presume que la última erupción volcánica por parte del “Don Goyo” fue a finales del año 2000, y el volcán se encuentra activo a día de hoy, razón por la cual las actividades de excursión, caminata y otras más, se encuentran sujetas a la situación volcánica de la zona; realizándose estudios cada cierto tiempo para prever otra erupción.

El nombre Popocatepetl viene del lenguaje Nahuatl, y se encuentra conformado por los vocablos popo-ca (que humea), y te-petl (montaña o monte); y por lo tanto su traducción a la lengua castellana vendría a ser montaña que humea, debido a que desde los tiempos prehispánicos, este volcán ha permanecido activo.

El Iztaccihuatl, cuyo nombre significa mujer blanca, es un volcán extinto que se ubica en el centro de México. Es la tercera montaña más alta del país. Se localiza en los límites territoriales entre el estado de México y Puebla, y su nombre se debe a una princesa de la mitología azteca que se convirtió en diosa.

La leyenda de los volcanes

Como mencionábamos con anterioridad, en México existen muchas leyendas prehispánicas, que surgieron por parte de los indios mexicas y de otros muchos que poblaban estas tierras. Una de las más bonitas, es la que habla sobre estos dos gigantes, y que es capaz de, cuál volcán, derretir el corazón de cualquiera.

Cabe destacar que existen dos versiones de esta leyenda.

La primera de estas versiones nos cuenta que en la cultura Azteca, en aquellos tiempos prehispánicos, se tenía por costumbre realizar sacrificios humanos para diversos propósitos; las lluvias, las guerras, e inclusive como ofrenda a sus dioses. Estos sacrificios se hacían muy seguido, y se decía que los sacrificios favoritos de los dioses eran las mujeres vírgenes y bellas.

Iztaccíhuatl, al ser una mujer de una belleza incalculable, sería la siguiente en ser sacrificada a los dioses para obtener buenas cosechas. Popocatépetl, en un esfuerzo por evitar el destino de esta mujer decide huir con ella, pero al momento de escapar los guardias los descubren y le lanzaron al guerrero sus flechas para detenerlo.

Popocatépetl logra salir ileso del ataque, pero la princesa no corrió con la misma suerte, ya que es alcanzada por una flecha, la cual le ocasiona la muerte. Popocatépetl, al percatarse de esto, carga con su cuerpo sin vida y continúa corriendo hasta que llega a un campo donde la recuesta, y él se inca a su lado y le jura que la cuidara para siempre, velando su sueño, hasta que ella despierte.

De esta forma se crean ambas montañas, siendo el guerrero el monte que aún vive, y su amada el volcán extinto.

La segunda versión de esta leyenda cuenta que el padre de Iztaccíhuatl, el jefe o general Tezozómoc, envió a Popocatépetl, que era un guerrero bastante fuerte, a la guerra en Oaxaca, prometiéndole como pago la mano de su hija si este regresaba victorioso (lo cual el jefe no creía que pudiera ser posible, ya que sus intenciones era que el soldado muriera en batalla).

El padre de Iztaccíhuatl decide contar a su hija la mentira de que su amado guerrero había muerto en la batalla; no sabiendo este que tal noticia sería un golpe decisivo para la salud de la muchacha, quien al verse abatida por la tristeza muere a los pocos días de haber recibido esta noticia con el corazón hecho pedazos.

Cuando Popocatépetl regreso y se enteró del trágico destino de Iztaccíhuatl, no pudo más que compartir la misma suerte que su amada, y muere también de tristeza, mientras en sus últimos momentos lo único que podía pensar era en que se encontraría con su amada en la otra vida. Cuentan algunos que, fue por este pensamiento que el guerrero murió con una última sonrisa en su rostro.

Los dioses, que les observaban desde las alturas, se conmovieron de ellos y los cubrieron con nieve para transformarlos en montañas.

La montaña Iztaccíhuatl fue llamada desde entonces “La mujer durmiente”, ya que su perfil asemeja a una mujer que yace acostada.

Popocatépetl fue convertido en un volcán, que arroja fuego sobre la tierra, por la rabia que lo ocasionó la muerte de su amada.

Hay una tercera versión menos conocida de esta leyenda

Esta versión nos cuenta que, en los tiempos en que los aztecas dominaban todos los lugares que conformaban el valle de México, el cacique de Tlaxcala, cansado de tanta opresión, decidió declararles la guerra.

Justo en medio de este caos bélico, fue que pudo nacer, cual fuego que nace de la yesca, el amor entre el guerrero Popocatepetl y la princesa Iztaccihuatl. De esta forma, enamorado como nadie de la hermosa doncella, antes de partir a la guerra el valiente guerrero pide la mano de la princesa.

Sin embargo, un rival guerrero de Popocatepetl, que se hallaba enamorado también de la princesa, inventa que Popocatepetl ha muerto, para de esa forma consolar a la dama, y quedarse con su mano finalmente.

Pero el plan le sale mal a este desgraciado guerrero, pues la princesa, al conocer la noticia de la muerte de su amado muere de pena. Popocatepetl regresa triunfante de las batallas, sólo para enterarse del funesto destino que había conocido su amada princesa.

El inconsolable guerrero fue hacia donde su amada yacía, cogió a la princesa en brazos y se la llevó a las montañas.

Caminó sin cansancio durante lo que parecieron días, en los que cargaba con su amada que, a pesar del tiempo que pasaba, no se descomponía, pues parecía que los dioses le habían otorgado algo de misericordia. Una vez que llegó a un lugar alto, mandó construir una gran tumba frente al sol amontonando diez cerros, y formando así una gran montaña. Depositó ahí a su amada y la lloró durante varios días y noches, hasta que se quedó dormido debido al gran cansancio y dolor que le embargaban.

Los dioses, que habían visto por él mientras andaba ese gran camino con su princesa fallecida, tuvieron una última muestra de compasión. Los cubrieron con nieve y los convirtieron entonces en las dos grandes montañas, para que de esa forma todo aquel que naciera en cualquier generación, pudiera conocer el amor puro de aquella pareja. Itzaccihuatl se convirtió en un volcán extinto, pues al morir había perdido la llama de la vida, mientras que Popocatepetl se convirtió en un volcán activo, que buscaría dar calor a su amada princesa por la eternidad.