Existe entre las personas la gran capacidad, y al mismo tiempo el gran problema, que reporta el asustarse. Es una capacidad, pues es precisamente el miedo quien nos impulsa a conseguir muchas de las cosas que anhelamos, y también el que nos ayuda a salir delante de nuestros más terribles problemas. No obstante, también es un problema, pues este mismo miedo puede actuar como un sedante del cuerpo, y dejarnos paralizados ante el terror, y hacernos pasar terribles noches sin dormir al llenar nuestra mente de películas e historias de terror.

La leyenda de la  casa de tía toña es fácilmente una de las causantes de este tipo de terror visceral. Las leyendas por sí mismas son una parte de lo que causa miedo a las personas desde tiempos inmemoriales. Las historias contadas en la noche pueden tener sobre nosotros un efecto impresionante, desde divertirnos a espantarnos. La casa de tía Toña es una de estas leyendas, que nos causa escalofríos por todo el cuerpo y piel de gallina, pues las cosas que se dicen sucedieron en este lugar, que es tan real como cualquier otra casa, fueron en verdad horripilantes. En este post conoceremos una de las leyendas más arraigadas de México, y nos asustaremos con ella.

la casa de tia toña

Demos inicio a esta leyenda con un resumen

En la ciudad de Chapultepec, existe la leyenda de una casa que aguarda en lo profundo de la tercera sección del bosque, a todos aquellos grandes aventureros que deseen adentrarse en el mundo paranormal.

La casa de la Tía Toña, una famosa leyenda, ha sido tan popular y famosa que muchas personas han intentado adentrarse en ella; llevando incluso a la muerte de 23 jóvenes en 2009, que murieron al caer de un barranco de 30 metros tratando de encontrar la casa en la profundidad del bosque de Chapultepec.

No hace falta sino adentrarse un poco en las fauces del internet, para encontrar fotos, vídeos y gente que relata sus experiencias en dicha casa. Algunas de las cosas que se cuentan de este lugar son verídicas, mientras que otras no lo son. Por lo tanto, si lo que buscas es definir qué es verdad y qué es un mito, primero debes conocer la leyenda.

Llegando a la casa de tía Toña

Desde Barraca el castillo ubicado en la tercera sección del bosque de Chapultepec, bastante cerca del conocido Panteón de Dolores, puede apreciarse una casa abandonada que se dice esta embrujada.

Para llegar a ella se debe primero tendrás que pasar por dos puentes; uno de ellos tan peligroso que el solo hecho de caer de él ya es suficiente como para significar una muerte. Además de esto, está el bosque mismo, que se encuentra lleno de caminos llenos de zanjas y sitios de los que uno podría caer, o senderos por los que podrías perderte.

Se dice que cerca de sus alrededores se pueden escuchar susurros de personas; Hay quienes han afirmado que se escuchan susurros de personas de diferentes edades, y se pueden escuchar objetos de gran tamaño que caen al río.

Al llegar a la casa, se dice que puedes divisar el rostro de una anciana que se asoma por una de las ventanas. Al entrar al caserón puede sentirse una enorme presión, como si alguien les estuviera observando. Hay quien dice que puedes sentir como si alguien te apretara el pecho. Hay personas que al entrar no aguantan la presión y se desmayan, o huyen despavoridos de la misma, enfermándose al poco tiempo de haber ido.

La leyenda

Cuenta la leyenda que, allá en Chapultepec, en una casita a la que solo se podía entrar a través de un espeso bosque, y cuya entrada estaba flanqueada por un puente algo destartalado, vivió una mujer conocida como Toña, que era esposa de un hombre de la localidad a quien ella amaba con locura.

Durante muchos años vivieron un idilio de amor del que las personas que vivían en el poblado tenían total conocimiento, pues la pareja paseaba por el pueblo muy seguido, conociendo a todos y llevándose bien con sus vecinos, quienes afirmaban que no existía una pareja más linda que esos dos.

No obstante el tiempo que duró, el idilio pareció más bien ser poco, pues el marido de doña Toña, como se la conocía por aquel entonces, falleció, dejando a su mujer sola en aquel caserón, pues a pesar de los años que estuvieron juntos, nunca tuvieron ningún hijo.

Sola, y sin nadie a quien más acudir, doña Toña decidió tomar el dinero que su esposo, un hombre acaudalado, le había dejado al morir, y utilizarlo enteramente en ayudar a la comunidad, más específicamente a los niños pobres del poblado, a quienes llevaba comida, ropa y juguetes para que pudiesen mejorar el estilo de vida que llevaba.

Las personas del poblado se dieron cuenta de esto, y comenzaron a decir que doña Toña se había ganado el cielo con las buenas acciones que prodigaba, no solo a los niños, sino a las familias pobres del lugar.

Un tiempo más tarde, la Señora decidió que en su solitario caserón sobraban habitaciones. Esa fue la razón por la que comenzó a invitar a esos niños sin hogar que abarrotaban las calles a quedarse con ella en su casa. Los niños fueron con ella muy contentos, y desde ese momento la comenzaron a conocer con el cariñoso apodo de tía Toña.

El problema que surgió fue que con cada año que pasaba tía Toña se iba haciendo cada vez más anciana, y ya no tenía el mismo carácter dócil que antes; al mismo tiempo le resultaba cada vez más difícil cuidar de aquellos niños que, a su parecer, cada vez se hacían más traviesos.

“La gota que derramó el vaso fue que un mal día, llegando de hacer las compras para la comida, encontró a varios de estos niños en una de las habitaciones que ella siempre mantenía con llave. Al entrar en esta los encontró con el dinero que ella guardaba, y que había utilizado sin ningún tipo de codicia o malicia para alimentar y cuidar de esos niños; niños que ahora le robaban en agradecimiento.”

La mujer no pudo soportar más. No se sabe cómo lo hizo, ni qué utilizó para esto, pero sí se sabe que mató a golpes a todos los niños que habitaban la casa con ella. Nadie volvería a molestarla… Nadie volvería a robarla… Nadie volvería a entrar en su casa… Nadie volvería a salir de ella.

La mujer, se dice, una vez que hubo cometido el acto, y cansada como estaba ya de todo, fue a la parte más alta de la casa, y allí se quitó la vida. Nadie sabe cómo lo hizo. Pero lo hizo.

Hoy en día, las personas que visitan la casona dicen que desde el puente que adorna la entrada, puedes escuchar los juegos y las risas de los niños. Sin embargo, que una vez que llegas a la puerta de la entrada, todo lo que puede escucharse son lamentos y llantos de los niños a quienes la tía Toña cuidaba. Se dice también, que si comienzas a subir las escaleras escucharás los lamentos de una mujer mayor, y si es que has decidido subir al ático de la casa, lo más seguro es que te encuentres cara a cara con el espíritu de tía Toña, que está decidida a no dejar salir a nadie más de su casa…