México es un país impresionante, que cuenta con una vasta cultura y una población que siempre se encuentra remontándose a recuerdos de sus tiempos. Son una población pujante y trabajadora que, si bien llevan a cabo un gran esfuerzo y sacrificio para llevar el pan a la casa con su trabajo honrado, siempre cuentan con algo de tiempo para sentarse a conversar bien sea con sus amigos, sus hijos, parientes y otros más. Son un poblado amistoso que además de una gran cultura y una gran ética de trabajo, siempre han contado también con grandes leyendas, que se conocen en toda Latinoamérica.

La leyenda del niño de la pelota es más bien poco conocida, pero no por esto deja de ser una leyenda de terror que a más de uno puede ponerle el pelo de punta. Y es que el hecho de que esta leyenda sea dirigida de boca en boca aún en nuestros días, no es precisamente por lo terrorífica o popular que pueda resultar, sino que se lleva a cabo en un edificio que todavía funciona allí en México, en donde se dice que aún pueden escucharse los botes de la pelota. En este post conoceremos esta escalofriante historia, y también a algunas de las personas que la vivieron.

el niño de la pelota

Esta leyenda tiene dos partes: El inicio

En la Avenida López Mateos, en el centro de la población de Aguascalientes, puede encontrarse un edificio de oficinas que se ha mantenido activo por muchos años. Este edificio tiene cuatro pisos que están conectados por medio de un elevador. Una de las empresas más antiguas del edificio vivió una tragedia que cambió para siempre la paz de esas oficinas.

Se cuenta que el jefe de este edificio era un hombre bueno y bondadoso, que era amable con las empleadas que eran madres, y que les permitía que llevasen a sus niños al trabajo. Muchos de estos niños solían subir a jugar al cuarto piso, ya que este no se encontraba ocupado por ninguna empresa.

Llegó un día, en el que Sara, una empleada del complejo, que no había podido encontrar una niñera para que le cuidara su niño, lo llevó al complejo de oficinas para pasar allí el día. En niño, muy feliz, pues ya había ido en otras ocasiones al lugar, se fue con su pelota al cuarto piso a jugar con los demás niños. El jefe de Sara le pidió como favor que se quedara hasta tarde, pues necesitaban llenar unos papeles importantes que habrían de enviarse a la siguiente mañana. Sara le dijo a su niño que esperase con su pelota ahí arriba, a pesas de que los otros ya se habían ido a casa con sus mamás.

Al final del día, Sara ya se encontraba cansada, y se fue a su casa. Pero olvidó a su hijo en el edificio. Mientras el vigilante se encargaba de cerrar las oficinas del edificio, escuchó unos ruidos desde el cuarto piso.

Subió al elevador y cuando salió no vio a nadie porque el niño estaba escondido para hacerle una broma. Salió de inmediato, riendo de la broma que planeaba hacer al vigilante, y este, debido a la sorpresa, tomó la pistola que llevaba al cinto, y le disparó al pequeño. El niño murió al instante, y desde entonces el piso cuatro quedó cerrado para siempre.

En la actualidad, el edificio sigue con su trabajo normal con las oficinas del tercer piso, pero dicen que cuando los empleados se quedan más tarde pueden escuchar a un niño reír y jugar con una pelota. En una ocasión, una mujer se quedó encerrada en el elevador y fue llevada por este al cuarto piso, en el que pudo escuchar al niño de la pelota.

el niño de la pelota

El niño de la pelota: La historia de la mujer

Esta leyenda nos habla en esta ocasión de una chica que había abordado el ascensor y cómo un hombre, apresurándose a poca distancia, le pidió que esperara por él. Amablemente la chica se paró entre las puertas para evitar que estas se cerraran. El hombre abordó y, mientras se daban las buenas noches, notaron que el ascensor subía.

Esto les extrañó muchísimo, pues se sabía que este ascensor se encontraba programado para no subir más allá del tercer piso, pues el cuarto se hallaba clausurado y ya nadie trabajaba allí.

El ascensor se detuvo en el cuarto piso, pero las puertas no se abrieron, por lo que pensaron que había sido un fallo temporal; no obstante, llegaron a escuchar las risas de un niño y el escalofriante rebotar de una pelota. Sin darles tiempo de pensar nada, el elevador bajó. Al salir de este, vieron al guardia nocturno, y le comentaron lo sucedido.

El hombre muy tranquilamente les dice que también lo ha escuchado, que se trata del espíritu de un niño que falleció ahí años atrás, cuando su pelota fue a parar al cuarto piso, el chico fue por ella y al ver que se acercaba un guardia, se escondió para hacerle una broma, pero al momento que el niño salió gritando, el guardia le disparó pensando que era un ladrón.

Desde aquella noche, el niño de la pelota juega tranquilamente en los pasillos del cuarto piso, y quien se ha quedado a trabajar hasta tarde puede escuchar los pasos, las risas, y el rebotar de la pelota de este niño que, desde entonces, aguarda a que su madre regrese por él.

Otros, sin tanta fortuna, han podido ver la pelota bajar por las escaleras una vez que al niño se le cae desde el piso de arriba; esta tiene marcadas con quemaduras las pequeñas manos del niño.

Después de esto la gente renuncia a su empleo, pues es bien sabido por todos que detrás de una pelota,  siempre viene un niño. Y no les gustaría toparse con el niño de la pelota.