Durante siglos, la humanidad se vio sumergida en el fondo de lo que hoy día conocemos como la edad media; una etapa de la humanidad en las que las luchas por el territorio, las constantes peleas y matanzas eran el pan de cada día para hombres, mujeres y niños por igual.

Durante estos tiempos era igual de común ver caballeros deambulando por las calles o peleando en sangrientas batallas, como lo era ver a un niño jugando en la calle. Durante estos tiempos belicosos y difíciles, las leyendas proliferaron tanto como la espuma del mar, y un caballero en particular se convirtió en el blanco de todas ellas.

La leyenda del caballero negro es tan conocida que ha llegado a nuestros oídos hasta el día de hoy, y en base a ella se han realizado juegos, series, películas y libros. Un ser poderoso, que dependiendo de la historia que se cuente, cómo se cuente y dónde se cuente, puede ser un ser benévolo, un enviado del mismísimo diablo, de la muerte o un vengador. En este post conoceréis más a fondo la leyenda de este caballero, su vida, su historia y las leyendas que se han formado en torno a este misterioso personaje.

Primero enfoquémonos en la leyenda

El caballero negro es un ser que a muchos de nosotros podría parecernos mitológico, un ser místico con poderes sorprendentes que podría venir únicamente del reino de los mitos y las leyendas. La verdad, es que justamente así es como lo pintan los mitos, las leyendas, las películas, los libros y la televisión. No obstante, la verdadera historia afirma que sí existió este caballero, aunque no era ni de lejos tan impresionante, fuerte y atemorizante como lo fuera en las leyendas que hoy día conocemos.

Fue un caballero como cualquier otro, pero poseedor de una armadura de un color totalmente negro, que se afirmaba que era tan negra como la noche más oscura. Su posición, era la de guardia real; su trabajo, era el de proteger nada más y nada menos que al rey del castillo.

El color de su armadura servía precisamente para crear miedo y pavor en las personas que estuviesen cerca, y una de las cosas que debía tener muy presente, era que no debía mostrar su cara demasiado, para que la gente se acostumbrara a temer al yelmo oscuro que llevaba.

El traje era inmenso, precisamente porque debía albergar al guerrero más fornido y fuerte que existiera en el reino. Este guerrero era sometido a un estricto régimen, en el cuál se suponía que debía de ser el mejor, más poderoso, ágil e inteligente guerrero de entre todos los que habitaban y trabajaban en el lugar. No debía existir otro como él, y para este empleo no bastaba la fuerza bruta; el caballero negro debía de saber pensar si quería tener el trabajo.

Quien era designado comprendía de idiomas, de estrategia, de medicina y muchas otras cosas que pudiera llegar a necesitar, además que era diestro con el manejo de espadas, mazas, flechas, cuchillos y cualquier otra arma que se le apareciese; al tiempo que debía ser capaz de enfrentar una batalla desigual con sus manos desnudas. Debido a todo esto, la figura de un caballero negro estaba siempre ribeteada de misterio, y es por ello que tantas leyendas se conocen alrededor de este personaje.

El caballero negro: La leyenda de Sir Percy

Se cuenta que durante el reinado del rey Ricardo, en Camelot, la misión de ser el caballero negro se le encomendó a un joven conocido como Sir Percy. Este hombre era un prometedor alumno del poderoso hechicero Merlín, y había sido designado por este mismo para tan honrosa misión.

Sir Percy fue entrenado en el arte de la espada, la lanza, la justa, el arco y la flecha, el lanzamiento de hachas y de cuchillos; pero también fue entrenado en las profundas artes de la medicina, la botánica, la lectura, la historia y la estrategia. Una vez que su entrenamiento hubo concluido, y que el joven ya había crecido, se le envió con el propósito de proteger al rey siempre que fuese necesario, y de ser la mano de este cuando el rey lo requiriera.

Percy no podría haber estado más orgulloso; cumplía su deber a cabalidad y con presteza, al punto en que era elogiado por ser el mejor caballero de la corte. No obstante, entre los enemigos del rey se supo quien era el caballero, pues el pobre hombre reveló a una doncella su identidad.

Como si nos encontráramos en la historia de Sansón, esta hermosa Dalila lo traicionó, y reveló a Mordred la identidad del caballero. No pasó mucho tiempo antes que este se aprovechase de la información obtenida.

Envió a Sir Percy una carta, en la cual se le informaba que su madre estaba gravemente enferma, y que moriría pronto. Se le pedía que fuese a verla, pues lo único que la mujer hacía cuando estaba convaleciente en su cama, era llamar desesperadamente el nombre de su hijo. Sir percy partió a buscarla, al pueblo donde vivía que se encontraba considerablemente lejos.

Al llegar, encontró a su madre pletórica de salud, y al enterarse de esto, se despidió apresuradamente de la mujer y partió de regreso a su pueblo, con su caballo azabache.

Al llegar, tomó nuevamente su armadura, se la colocó y salió hacia el castillo, a cumplir con su deber. Se cuenta que en esas horas tardías de la noche, nadie podía ver al caballero que se dirigía hacia su trabajo. Lamentablemente, al llegar era demasiado tarde: Mordred había ganado. El rey estaba muerto, y Sir Percy, herido en su orgullo, se quitó la vida.

Se cuenta que vaga en las noches de luna nueva, con su espada del mismo color de su traje, y del mismo color de la noche, asesinando a todo aquel que lleve maldad en su alma. Se dice que este espíritu puede leer el alma de las personas, y las juzga personalmente, ejecutándolas para evitar que hagan daño de la misma forma que lo hizo Mordred.

La leyenda de Ashor

La leyenda de Ashor cuenta que él era el caballero negro de la época, (cerca del año 800d.c). su trabajo consistía en estar únicamente a las órdenes del rey. Un buen día, el rey le llamó a su castillo, a una habitación secreta que solo ellos dos conocían, pues una regla importantísima afirmaba que no podía verse la cara del caballero negro por nadie que no fuese el rey.

El monarca le pidió que se descubriera, y este lo hizo. El rey, luego de esto, le ordenó que cumpliese una misión para él. Su trabajo, a partir de ese momento, sería el de terminar con la vida de un rey tirano que gobernaba un reino vecino.

Ashor aceptó, pero primero le dijo al rey que iría al reino a comprobar que aquel soberano era tan malvado como lo planteaba su monarca. Quedó convenido, y Ashor partió.

Luego de pasear por el lugar, Ashor pudo comprobar, por la forma en que vivían sus habitantes, que el rey sí era un hombre malvado, que exprimía a sus súbditos para poder vivir en la gloria y la opulencia. Al mismo tiempo, se enteró de que tenía encerrado en un calabozo a un viejo sacerdote que se oponía a sus políticas.

Ashor ejecutó al rey de una manera fácil, limpia y rápida; pero decidió también que debía liberar al anciano sacerdote.

Al bajar a la celda, encontró al hombre desnutrido y muy maltratado, razón por la cual lo llevó cargado en el hombro, como un saco de patatas. Salió del castillo, entre una carga de soldados que lo perseguía, pero debido al peso de la armadura, combinado con el del sacerdote, no tuvo más remedio que relentecer su paso. Una flecha le hirió un costado antes que pudiese montar.

Sin saber cómo, consiguió las energías necesarias para hacer cabalgar al animal, dejando atrás a los soldados. Lamentablemente, sangrando y en el estado en que estaba, sabía que les dejaría una pista a los soldados que los perseguían si dejaba un rastro de sangre. Se apeó del caballo, y envió al sacerdote y al animal muy lejos. El anciano sacerdote le bendijo, le agradeció y se fue de ahí, feliz de haber salvado la vida.

Ashor se apoyó en un árbol, y se desplomó en el suelo, semiinconsciente. En el momento en que sentía el frío abrazo de la muerte, un demonio se apareció ante él; acto seguido, un ángel hizo lo propio, y ambos se miraron por espacio de unos segundos.

―Este hombre ha cometido actos malvados ―dijo el demonio―. Me pertenece.

―También ha hecho mucho bien ―le respondió el ángel; sus ojos refulgían como las llamas eternas del mismo sol, y Ashor sintió miedo―. Viene conmigo.

Cuando ambos parecían dispuestos a enfrentarse en batalla, una tercera entidad, que no pudo ver de quién se trataba, apareció. Era una especie de ser indiferente, con porte y poder, y que lo único que llevaba encima era una túnica con una capucha negra. Nada podía verse de la cara de la entidad.

Esta era una entidad conocida como Il Separatio (la expresión mágica y perfecta de neutralidad)

―Este hombre ha hecho tanto bien, como mal ―rugió. Su voz verdaderamente era como un susurro, pero el caballero negro sintió como si hubiese tronado en todo el lugar―. Por lo tanto, me pertenece a mí.

Tanto el ángel como el demonio se esfumaron, y Ashor quedó solo con la figura.

―A partir de ahora tu vida es tuya ―le dijo―. Podrás vivirla como te plazca, vivir cuanto te plazca y morir cuando te plazca. Podrás dedicarte bien sea a hacer el bien o el mal. No obstante, decidas lo que decidas, tus acciones jamás harán diferencia alguna en lo que suceda en el universo.

Dicho esto, desapareció.

Se cuenta desde entonces que Ashor se ha dedicado a hacer el bien, aunque sus decisiones y acciones no tengan trascendencia, siempre, metido en su traje, buscará la manera de hacer el bien, y de ejecutar a los malvados con su negra espada.